En vez de tirar la caja, empecé a leer.
Y encontré dos cosas que nadie que vende parches en Bolivia te va a decir. Te las voy a decir yo, aunque me haga vender menos.
Primera cosa: tu panza no es solamente grasa.
Esto suena obvio cuando lo escuchás, pero cambia todo.
Cuando te mirás al espejo y ves la panza que no te gusta, no estás viendo una cosa. Estás viendo por lo menos cuatro, mezcladas:
1. Hinchazón y retención de líquido. La sal, el almuerzo pesado, la gaseosa, el calor, tus hormonas según el día del mes. Esto va y viene.
2. Distensión por digestión. Todos conocemos esa panza de las tres de la tarde después de un buen almuerzo. No apareció grasa nueva en dos horas. Es tu digestión.
3. Flacidez de la piel. Después de los embarazos. Después de la cesárea. Después de cada vez que bajaste y volviste a subir.
4. Grasa. Sí, hay grasa. Es la cuarta de la lista, no la única.
Fijate en algo que ya sabés sin que yo te lo diga: no te ves igual a las 8 de la mañana que a las 10 de la noche. Misma persona, mismo día, mismo cuerpo. Y sin embargo la ropa te queda distinto.
Esa diferencia no es grasa. La grasa no aparece y desaparece en catorce horas.
Es el punto 1 y el punto 2 de esa lista.
Y esto importa muchísimo, porque todos los productos que compraste te prometieron arreglar el punto 4.
El único que ellos no podían tocar.